La complejidad de la Muerte de un Hijo


Dentro de la problemática del duelo, y siguiendo lo que se ha descrito como “duelos especiales”, el psicólogo Christopher Bollas, en su libro “La sombra del objeto”, llegó a definir como objeto transformacional aquel que en el vínculo con un sujeto produce una modificación de su estado afectivo. La muerte de los hijos producen un cambio profundo en el psiquismo de sus padres, activando sus funciones parentales; la pérdida deja un vacío enorme en ellos. De allí la añoranza de un estado afectivo que existía gracias a la presencia del hijo: recuerdos, palabras, modos de ser con él, goces comunes, etc. Las fiestas y los aniversarios implican presencias y ausencias: hijos que están e hijos que ya no están. En este sentido, un paciente se refería al “no cumpleaños”.

En estos duelos, el componente de resentimiento de la ambivalencia es negado por el intenso sentimiento de culpa que despierta. Por su vez, J. Lubchansky nos plantea que, contrariamente a lo que Freud sostenía, la relación de una madre o un padre con su hijo tampoco están exento de ambivalencia. Al margen de los aspectos positivos del amor de objeto éste pudo haber sido también una fuente de decepciones y no haber respondido a demandas imposibles de realizar por el hecho de que se dirigían a antiguos objetos y fueron transferidos sobre el actual. De todas maneras, la muerte del objeto es vivida como un abandono, y por eso después de su desaparición será a la vez amado y odiado.

Sin duda la pérdida de un hijo es algo desesperador para cualquier familia, pero lo que Bruce e Shrell Hopkins hicieron después de la muerte de Caleb, uno de los hijos de esta pareja, es algo que suena a esquizofrenia y desequilibrio emocional.

El fatídico caso ocurrió hace cerca de dos meses cuando su pequeño hijo sufrió un fuertísimo ataque de asma y falleció, pero desde entonces ese cuerpo ya sin vida fue mantenido dentro de la casa de sus padres.

El triste acontecimiento ocurrió en la ciudad de Girona, al nordeste de España, y, de acuerdo con el defensor público Enrique Barata, que atiende el caso judicialmente, en una entrevista concedida al londinense “The Independent”, afirma que los padres “perdieron el censo de la realidad después del fallecimiento”… “Ellos simplemente se recusaron a acreditar lo que había ocurrido con su hijo Caleb”.

El problema vivido por esta pareja de padres, originarios de Detroit, Estados Unidos, sólo fue descubierto gracias a la visita inesperada del propietario del inmueble en que la familia vive. Como el señorío había intentado por diversas veces mantener contacto con sus inquilinos, siempre sin suceso, decidió hacer una visita junto con la policía a la residencia. De acuerdo con las palabras del abogado de defesa, Christian Salvador, luego después de la imprevista visita, la pareja pasó a tener consciencia de la perdida.

La hora y la fecha exacta que el pequeño Caleb falleció aun no fue desvendada y eso solamente debe ser confirmado con la conclusión del proceso de pericia forense. Mismo así, la última vez que Caleb fue visto públicamente fue el 15 de noviembre, en el aniversario de un miembro de la familia.

Como pena, la pareja fue sentenciada por homicidio por negligencia, ya que el juez tuvo en cuenta que ellos no llevaron a su hijo a un hospital durante el ataque asmático por no acreditar en la medicina convencional. En todo caso, ellos pueden librarse de la pena caso la pericia muestre que el niño ya estaba muerto en el momento que los padres lo encontraron. Por el momento, los otros dos hijos de la pareja, hermanos de Caleb, fueron recogidos por el servicio de asistencia social español.

Freud, en la carta a Binswanger escrita a raíz de la muerte de un hijo de éste, dice: “Sabemos que el agudo dolor que sentimos después de una pérdida semejante llegará a su fin, pero permaneceremos inconsolables y nunca encontraremos un sustituto”. En esta carta Freud plantea que el duelo no terminará por encontrar un reemplazo, reconoce que la pérdida es insustituible. Sin embargo, él había dicho previamente “Sabemos que el duelo, por doloroso que pueda ser, expira de manera espontánea, entonces nuestra libido queda de nuevo libre para sustituir los objetos perdidos por otros nuevos que sean en lo posible, tanto o más apreciables”.

Como sea, estas dos visiones sobre la posible sustitución o no del objeto una vez finalizado el duelo muestran una contradicción en Freud… En todo caso, por mi experiencia en estos casos, os digo: ¡lo único que nos resta es la resignación!

(*) Libros y e-book disponibles en: Livraria Saraiva: http://www.saraiva.com.br; Livraria Siciliano: http://www.siciliano.com.br; www.clubedeautores.com.br/carlosdelfante; y en: Plataforma editorial Bubok: www.bubok.es/

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