¿Cuál era la Deuda de Don Madruga?


Fíjese en lo que son las casualidades, que el otro día, justo cuando me encontraba sentado en un banco de la plaza aprovechando la sombra del ramaje de sus árboles, escuché a una niña que le decía a su madre: ¡Mami, mami, ahí viene papá con la mujer que nos lo quitó!

Su aviso me sorprendió, pero más me asombró la respuesta que le diera su madre, que la tomó ligero de la mano y dijo: ¡Vamos a escondernos, hija!… ¡No vaya a ser que venga a devolver al desgraciado!

No hay caso, es el tipo de vicisitud insólita a las que uno está expuesto en la vida y nadie está libre de ellas. Y justamente eso es lo que me hizo pensar sobre otro asunto que ha estado pendiente de esclarecimiento desde mi juventud.

Todos los de mi edad y aun los más jóvenes, saben que durante las décadas en que el famoso programa de la televisión mexicana “Chaves” estuvo siendo divulgado en las pantallas chicas de todo el mundo, pudimos observar con pasmo al Señor Barriga intentando cobrar del morador Madruga una deuda eterna que llevaba 14 meses de alquiler atrasado.

Con todo, nunca supimos exactamente cuánto era que el cómico personaje de Ramón Valdés le debía al propietario da villa, el otro personaje interpretado por Édgar Vivar.

Pues bien, me entero que el sitio web mexicano “Nuroa”, especializado en asuntos inmobiliarios, resolvió calcular de cuanto sería la tan hablada deuda de don Madruga en el famoso programa de televisión.

De acuerdo con los cálculos de estos especialistas en computar deuda ajena, al tener en cuenta los precios de los arrendamientos de la época, un mes de alquiler en una casa de 35 metros cuadrados tendría el valor aproximado de 115 dólares. O sea que, en 14 meses, don Madruga le quedó debiendo 1617 dólares al Señor Barriga… Un valor impagable para cualquier vago empedernido.

Por tanto… ¡Misterio revelado! Lo que nos hace mirar otra vez la respuesta dada por aquella madre de las frases iniciales, primero con escepticismo, como quien no acaba de creer lo que oye pero luego nota que poco a poco el rostro se le ilumina de comprensión, un trabajo servicial de la memoria trayendo al recuerdo ciertas expresiones populares corrientes, ciertos restos de lecturas clásicas, ciertas imágenes tópicas, y si es verdad que no recordamos todo lo que habría para recordar, por ejemplo quemar barcos, cortar puentes, cortar por lo sano, cortar derecho, cortar amarras, cortar el mal por la raíz, perdido por diez perdido por cien, hombre perdido no quiere consejos, abandonar ante la meta, están verdes no sirven, mejor pájaro en mano que cien volando, éstas y muchas recordaciones más, y todas para decir una sola cosa: “Lo que no quiero es lo que no puedo, lo que no puedo es lo que no quiero”… ¡Impresionante!

(*) Libros y e-book disponibles en: Livraria Saraiva: http://www.saraiva.com.br; Livraria Siciliano: http://www.siciliano.com.br; www.clubedeautores.com.br/carlosdelfante; y en: Plataforma editorial Bubok: www.bubok.es/

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