El Cine Levanta Ánimos Belicosos


Muchos aún no habían nacido cuando la Alemania nazi firmó su pacto de no agresión con la Unión Soviética en agosto de 1939. Por ventura pienso que vale la pena destacar un punto interesante de dicho contrato, es que a éste se le agregó un protocolo secreto por el cual ambas potencias se repartían el territorio de los países que proyectaban invadir.

Uno de esos países era Polonia, y así, cuando la URSS ocupó la porción que le correspondía, se apropió de muchas cosas, desde tesoros artísticos hasta instalaciones industriales. Entre todos esos bienes también fueron confiscadas las películas cinematográficas que estaban exhibiéndose en Polonia, todas las cuales fueron despachadas de inmediato hacia Moscú por un motivo primordial: a Stalin le gustaba el cine y todas las noches veía una película en su sala privada del Kremlin, acompañado por algunos colaboradores y amigos… Además de lindas mujeres y mucha vodka.

Ese rasgo de la intimidad del dictador quedaría registrado mucho después en una película que fue dirigida por Andrei Konchalovski, pero lo que realmente interesa de aquella etapa de 1939, es el dato de que en medio de todo el material que pudo ver Stalin proveniente de Polonia, eligió como su película favorita “El gran vals”, una producción norteamericana de la Metro Goldwyn Mayer que evocaba pasajes de la vida del músico Johann Strauss. Estaba realizada por un francés famoso, Julien Duvivier, protagonizada por otro francés, Fernand Gravey, y su heroína era la austríaca Luise Rainer, entonces en la cumbre de su carrera. Historiadores cuentan que Stalin quiso volver a ver unas cuantas veces “El gran vals”… Mismo que no supiese bailarlo como corresponde.

Hay otro dato al respecto que debe interesar a los leyentes. La tercera figura del elenco era la soprano húngara Militza Korjus, a cargo de cuya garganta estaban casi todos los valses vieneses que sonaban en la película. Pocos vivientes saben que aquella rubia dotada de poderoso órgano vocal iba a vivir los últimos tiempos de su vida en Montevideo, Uruguay, en un apartamento de la esquina de Ellauri y 21 de setiembre, con la mayor discreción, sin que abundaran los vecinos capaces de identificarla y mucho menos de vincularla con una exitosa película de pre-guerra que Stalin disfrutó tanto.

Irónicamente, un gobernante tan brutal como lo era aquel soviético, sabía enternecerse por las noches como para suavizar con los compases de “Voces de primavera” o “El vals del emperador” las rudezas de sus métodos represivos o el choque armado de cada día con las divisiones blindadas de Guderian adelante de Moscú.

Pero así fue, y lo notable de lo aquí mencionado, es que los vínculos diarios entre Stalin y el cine no constituyeron un fenómeno solitario entre los dirigentes que condujeron la Segunda Guerra Mundial.

Es que su circunstancial aliado Winston Churchill también amaba el cine, o por lo menos lo empleó como terapia para aliviar las tensiones de la guerra. Cada noche, al calor de los revuelos provocados por la Batalla de Inglaterra y los bombardeos de la Luftwaffe, el hombrecillo se encerraba con la familia en su salita de proyección y miraba una película… Aunque estos se sintiesen sofocados por el humo de sus puros. En todo caso, sus películas preferidas eran las que exaltaban las glorias militares británicas, y entre ellas prefería a “Lady Hamilton”, donde figuraba la victoria naval de Trafalgar gracias a los buenos oficios de Laurence Olivier y Vivien Leigh.

Una vez que me entero de tales galimatías, soy de la opinión de que además de ser un instrumento dramático de formidables posibilidades, el cine puede ser también una herramienta de propaganda patriótica y bélica, pues eso era lo que levantaba el ánimo de Churchill después de las diez de la noche, para olvidarse un poco de Hitler.

Tantos años después, cabe pensar de acuerdo a esos dos casos, que el cine también jugó un papel en el marco de la guerra y en la terapia doméstica de dos dirigentes mundiales…, por lo menos.

(*) Para su comodidad, existen otras lecturas amenas a su disposición en mis libros. Viste el sitio: www.clubedeautores.com.br/carlosdelfante

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