Las Interferencias Comunicativas


Es posible apreciar cómo se ha venido haciendo lugar en los principales titulares de la prensa mundial, notas donde constan los más variados registros de alarma y escándalo al saberse el grado de intervención y escucha que lleva a cabo la Agencia Nacional de Seguridad (NSA) de Estados Unidos sobre todo tipo de comunicación que circula por el planeta.

Diversos gobiernos de Europa se han enojado; el Brasil protesta airado, o así lo quiere demostrar. Y ante todo esto, sigue pernoctando como puede en el aeropuerto de Cheremetevo el ciudadano americano Mr. Snowden… Bueno, a partir de ayer ya no.  Pero tal vez, pienso que él no se lo imaginara que, al dar con la lengua en los dientes, iría a desencadenar un gran lío con múltiples ramificaciones.

En todo caso, lo primero que creo oportuno resaltar, es que el acopio y análisis de información a escala global de parte de la NSA, no tendría por qué asombrarnos, pues ello no era ningún secreto tapado, oculto, recóndito, o llamémosle como se quiera.

Así pues, si el conspicuo lector recoge la información que el diario “USA Today” había publicado en una de sus planas en el año 2006, podrá observar que allí se menciona: “la NSA ha estado juntando en secreto el registro de decenas de millones de llamadas telefónicas utilizando los servicios de AT&T, Verizon y Bell South Telephone Co. (edición del 10-5-06).

Asimismo, en el año 2010 -según la misma fuente (Hendrik Herzenberg)- los reporteros del famoso “Washington Post” llevaron a cabo una investigación que fue publicada posteriormente en el referido diario, según la cual se informaba que la NSA interceptaba y analizaba nada menos que 1.7 billones de e-mails, llamadas telefónicas y otras comunicaciones ¡por día!… ¿Asombroso, no?

De igual forma nos sorprende, además del pasmo provocado por la tecnología que lo hace posible, de que si todo el mundo ya sabía lo que estaba ocurriendo por aquellas latitudes, entonces ¿por qué se enojan particularmente los gobiernos europeos?

En todo caso, el argumento según por el cual los países aliados o amigos no deberían quedar excluidos de la vigilancia, es un razonamiento pre-tecnológico, del siglo pasado o del otro. Pues si se van a controlar las comunicaciones por una razón de seguridad, o se controla todo o no hay control útil; ya que poco le costaría a los famosos “enemigos” comunicarse a través de los países “amigos”.

También puede llegar a sorprender a muchos, que esa tarea de interceptación y acumulación esté siendo confiada a empleados de empresas privadas que no tienen que rendir cuentas ante el Congreso sino ante el directorio de la agrupación para la cual trabajan. Se señala, no obstante, que esa actividad no ha dado lugar a ningún reclamo concreto de limitación del derecho a la libertad de expresión, de reunión, o cualquier otro recorte de las libertades individuales de nadie en Estados Unidos.

Claro, no olvidemos que todo este intrincado sistema de espionaje se montó luego después del atentado a las Torres Gemelas, cuando la administración de Bush hijo declara una guerra abierta al terrorismo.

Pues bien, sin embargo, en mayo pasado el Presidente Obama, en memorable discurso, apuntó: “tenemos que definir la naturaleza y los objetivos de esta guerra so pena de que ella nos defina a nosotros”… El problema, como se ve, es serio.

Mientras tanto, y aguardando a que los gobernantes se pongan de acuerdo sobre el futuro del pobre Snowden, repaso con nostalgia los tiempos en que los seres humanos -en aquel entonces como ahora- apreciábamos el amor y huíamos de la soledad, acariciábamos proyectos y nos carcomían dudas, teníamos impulsos generosos y también cobardías -que llamábamos pequeñas-, pero eso sí, los teléfonos funcionaban a magneto y estábamos seguros que nuestras conversaciones eran escuchadas sólo por la telefonista de turno -sólo a veces y por puro aburrimiento-… ¡Otros tiempos!

En tiempo, y sin necesidad de ir más lejos, en el “New Yorker” de junio pasado, aparece un dibujito ingenioso: Una pareja de ancianos sentada frente al televisor mira las noticias; ella comenta: “no me importaría abandonar la apariencia de privacidad a cambio de vivir con la ilusión de seguridad”… ¡Cuánta verdad en esta ironía!

(*) Si es de su interés continuar a entretenerse con otras lecturas amenas, mi adicto leyente, tiene varios de mis libros impresos o en versión e-book, disponibles en el sitio web: www.clubedeautores.com.br/carlosdelfante

3 comentarios (+¿añadir los tuyos?)

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