Después de Protestar en la Calle, ¿Qué Viene?


Ahora que han dejado las redes sociales, y salieron a la calle para manifestarse consiguiendo lo que se habían propuesto al principio, ¿para dónde irán? ¿Pararán las ciudades cada vez que algo esté equivocado? ¿O volverán al Facebook con la sensación de quien hizo su parte, reclamando que “Brasil no tiene solución”?.. No me parecen soluciones viables para tirar al Brasil de esa situación. La Revolución de los Bichos muestra que no se muda de una posición bovina para una activa en actos repentinos, pues es fácil caer en la armadilla de salvadores de la patria con discursos mesiánicos, que después se rinden al sistema… Algunos ya vivimos esa historia.

Muchos parecen estar perdidos por no ser capaces de ver todo el escenario. Concentrados en la manifestación, dejan de ver la situación. Décadas de control social, de publicidad corporativa y de fabricación de consentimiento público, anestesiaron a las personas tirando de ellas la percepción de que cada uno puede ser un agente de mudanza. En la resaca de las conquistas hay una sensación natural de desorientación.

El periodista Ricardo Boechat defiende, en una bella argumentación, que lo que se vio la última semana fue un desahogo generalizado, un “basta”. Pero no parece tener dirección porque los problemas son muchos, diversos, sistémicos, y no hay como resolverlos sin una profunda y significativa mudanza.

Oportunistas procuran transformar los hechos en una situación que pide intervenciones espurias, como la del infame Partido Militar Brasilero o la del apabullante Foro de São Paulo. Son iniciativas de control que amenazan la libertad, verdaderos golpes de Estado debajo de nuestra nariz.

La solución es más compleja de lo que parece. Hasta las tales “cinco causas” tienen sus problemas. Es posible presionar por el abandono de medidas impopulares, ¿pero lo que hacer con tanta cosa equivocada? Mismo que todos los parlamentares dejen sus cargos, ¿lo que garante que sus aliados perderán el poder? ¿O qué los invisibles que los controlan largarán la mano? ¿O que los qué vendrán después no serán peores?

Mismo todo lo que el mundo adora y exige ahora, no podrá, uno solo, mudar el país. ¿Tendría Marina Silva la capacidad de barrar los excesos propuestos por la bancada de pastores, que avergüenzan los principios y preceptos religiosos de tanta gente evangélica en este país? ¿Sería Joaquim Barbosa capaz de luchar solo contra lo que el Capitán Nascimento en la película llama de “esquema”? Pienso que no. Una golondrina, dicen, no hace Verano.

Se pide la inmediata investigación de irregularidades en las obras de la copa y olimpíadas, ¿pero quién las fiscalizará? ¿Será que eso ya no está siendo realizado, sólo que por un sistema lento y que puede llevar a la impunidad como aconteció con el Mensalón? Mismo que haya una restructuración del PIB para áreas como salud o educación, nada indica que mejoraría. ¿O será que ya se olvidaron de la CPMF?

Corrupción, impunidad, homicidios, impuestos, cualidad de las escuelas y hospitales públicos son excelentes motivos para salir a la calle a reclamar e intentar mejorar el país. Pero eso es sólo el comienzo.

Políticos se apegan a los actos de vandalismo, apoyados por demagogos que usan las imágenes de ladrones oportunistas en una tentativa de manipulación. Y por más que se discorde de las líneas editoriales de determinados vehículos de comunicación, azotar la media es peligroso. Eso puede generar un control de la libertad de expresión, buscado hace tiempo por este gobierno.

Las calles mostraron que somos lo que Sérgio Buarque de Holanda llamaba de hombre cordial, que se deja guiar por el corazón. La paciencia puede que se haya agotado, pero esas cosas se resuelven con la ley, la que debe ser aplicada para todos, sin excepción. Se hace necesario substituir el típico “Jeitinho Brasileiro” por un sistema de reputación. Y la mejor forma para eso, es crear una red de transparencia y educación.

Nunca se discutió tanto la política, y eso es muy positivo. En las calles, shoppings, peluquerías, taxis, bailes y ruedas de amigos, nunca el asunto fue tan popular. Se hablaba en violencia urbana, transporte e inflación, pero el asunto luego era desviado para el fútbol y la novela del momento.

Otros temas eran casi tabú: corrupción, impunidad, educación, salud, impuestos, superfacturación, salarios bajos de los funcionarios de servicios esenciales, regalías de políticos y el comprometimiento de la media era tópicos cercados de tanta ignorancia que no tardaba para ser clasificados como “pesados” y relegados a debates de centros académicos en escuelas de ciencias sociales, en que también faltaba un debate plural.

La ignorancia es la madre de la incompetencia. Corrupción, salud y educación son temas de largo plazo, que no pueden ser resueltos en base a paseatas, bajo el riesgo de ser desviados o generar efectos colaterales todavía peores. Quien se indignó a punto de interesarse por el asunto, debe mantener su indignación en una constante auditoría. Thomas Jefferson defendía que el precio de la libertad era la eterna vigilancia. Y no olvidemos que es su época no existían tantas herramientas como hoy.

De nada sirve gritar “Sin partido” por mucho tiempo. La rebelión contra oportunistas es válida, pero no se sustenta. Países sin partido son retrocesos, sin excepción. Lo que se necesita es una concientización política. Sólo así será posible sanear las estructuras. La constitución brasilera está entre las más avanzadas del mundo, sólo precisa ser acompañada por una población que la comprenda y la utilice correctamente, no votando en payazos, cantores, pastores y jugadores de futbol, a no ser que sus propuestas sean muy claras y acompañadas de estudiosos y técnicos capaces de ponerlas en práctica.

Buena parte del desinterés político viene de la complejidad del sistema y de la impotencia de sus usuarios. Presentada de forma técnica, remota y pesada, la política se tornó distante, vieja, una fatalidad. La impotencia es tanta, que lleva a muchos a olvidarse que políticos son funcionarios públicos. Por tanto, acompañar su desempeño es derecho y deber y una responsabilidad de todos.

Las Redes de comunicación basadas en la Internet funcionan como plataformas. Sobre ellas nacen nuevos productos y servicios, creando nuevas interacciones a partir de sus bancos de datos. Ese es uno de los motivos del éxito de las redes sociales. Nada impide que sean usadas para despertar al Gigante para estimular el debate, combatir estereotipos, generar conocimiento, facilitar el equilibrio entre puntos de vista y crear redes de valor.

Entrar en la Internet, todos sabemos, y es más fácil que salir a la calle a protestar. Durante mucho tiempo ese fue el argumento de quien despreciaba el activismo digital. Pero la misma red también sirvió como herramienta de concientización y motivación, transformando ciberactivos en hiperactivos.

Algunas iniciativas son loables, pero son pocas: hay quien haga vídeos explicando lo que está aconteciendo para personas de otras ciudades o países, luchando con información contra los que los llaman de agitadores. Hay quien use el Twitter para disponer atendimientos y servicios, o mismo quien libere la rede de casa para ayudar las manifestaciones de quien está en las calles. Wikipédia muestra cómo se construye contenido de cualidad rápidamente. Movimientos de monitoreo social como el Voto Consciente y el Radar Municipal muestran que es posible monitorear y fácil informar.

Ahora la proposición es por la organización de un otro tipo de movimiento. Uno que use plataformas digitales para construir propuestas concretas. Y éste no precisa de líderes. No tiene nombre ni dirección. No puede ser cooptado. Es invisible y omnipresente. Su orden se basa en reputación, no en puestos de trabajo. En el discurso competente, no en el otorgado. Tanto un presidente o un barrendero tienen en él, el mismo derecho a expresarse… Vence quien tenga los mejores argumentos.

Hasta la cámara del smartphone, que se mostró más poderosa de que el spray de pimienta y las balas de goma, puede ser usada como instrumento de movilización, registrando con ella filas, abusos y agujeros, sean físicos o estructurales, en el sistema.

No es difícil democratizar la innovación y el ambiente de participación pública, convidando a todos para que participen de su desenvolvimiento. Cuando lleguemos a ese punto, varios tantos paquidermos de la comunicación serán tan sólo puntos de la rede. No será necesario ni recomendable silenciarlos cuando entonces sí será posible relativizarlos, cosa que la TV nunca permitió.

Para resumir, el Pequeño Príncipe decía que “tú te tornas eternamente responsable por aquello que cautivas”, en cuanto el Hombre Araña defendía que “grandes poderes exigen grandes responsabilidades”… No es preciso tener mucho estudio para comprenderlos.

(*) Si quiere continuar a entretenerse con otras lecturas amenas, mi adicto leyente, tiene varios de mis libros impresos o en versión e-book, disponibles en el sitio web: www.clubedeautores.com.br/carlosdelfante

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