Abuelos vs. el Síndrome de la Casa Vacía


Hace poco, Enrique Orschanski, que es médico, escribió algo que los modernos padres jóvenes -aunque no les guste- deberían tener siempre en cuenta. Y todo, porque en un principio, durante el transcurrir de las últimas 6 décadas, sin querer, hemos visto como el estilo de vida familiar ha cambiado drásticamente como derivación de una mudanza de nuevos procesos en los sistemas de producción y consumo. Una de sus consecuencias, y evitando efectuar otros análisis comportamentales, la inclusión de la mujer en el circuito laboral ha llevado a que ambos padres -cuando las dos figuras existen en un matrimonio- se ausenten del hogar por largos períodos del día creando como consecuencia el llamado “síndrome de la casa vacía”.

Tener que vivir este nuevo paradigma social, ha implicado en que muchos niños quedaran a cargo de personas ajenas al hogar o en instituciones, haciendo que la tercerización de la crianza se extendiera y naturalizara en muchos hogares.

En todo caso, y haciendo eco en las palabras del Orschanski, algunos padres afortunados todavía pueden contar con sus abuelos para cubrir muchas tareas: la protección, los traslados, la alimentación, el descanso y hasta las consultas médicas… ¿Consecuencia? Estos privilegiados chicos tienen padres de padres, y lo celebran eligiendo todos los apelativos posibles: abu, abuela/o nona/o bobe, zeide, tata, yaya/o opi, oma, baba, abue, lala, babi, o por su nombre, cuando la coquetería lo exige.

Lo que sobra de todo eso es un corolario de ventajas que no se encuentran en cualquier lugar, y no son posibles de comprar en tiendas o instituciones. ¿Y sabe por qué? Porque son prerrogativas exclusivas de los abuelos… Por las dudas, hay 10 puntos que recomiendo que el sápido leyente analice y se cuestione antes de responder:

1 – Los abuelos no sólo cuidan. Pasaron a ser el tronco de la familia extendida, la que aporta algo que los padres no siempre vislumbran: pertenencia e identidad, factores indispensables en los nuevos brotes.

2 – La mayoría de los abuelos siente adoración por sus nietos. Es fácil ver que las fotos de los hijos van siendo reemplazadas por las de estos. Con esta señal, los padres descubren dos verdades: que no están solos en la tarea, y que han entrado en su madurez.

3 – Por tanto, el abuelazgo constituye una forma contundente de comprender el paso del tiempo, de aceptar la edad y la esperable vejez.

4 – Lejos de apenarse, sienten al mismo tiempo otra certeza que supera a las anteriores: los nietos significan que es posible la inmortalidad. Porque al ampliar la familia, ellos prolongan los rasgos, los gestos: extienden la vida. La batalla contra la finitud no está perdida, se ilusionan.

5 – Los abuelos miran diferente. Como suelen no ver bien, usan los ojos para otras cosas. Para opinar, por ejemplo… O para recordar.

6 – Como siempre están pensando en algo, se les humedece la mirada; a veces tienen miedo de no poder decir todo lo que quieren.

7 – La mayoría de los abuelos tiene las manos suaves y las mueven con cuidado. Aprendieron que un abrazo enseña más que toda una biblioteca.

8 – Los abuelos tienen el tiempo que se les perdió a los padres; de alguna manera pudieron recuperarlo. Leen libros sin apuro o cuentan historias de cuando ellos eran chicos. Con cada palabra, las raíces se hacen más profundas; la identidad, más probable.

9 – Los abuelos construyen infancias, en silencio y cada día. Son incomparables cómplices de secretos. Malcrían profesionalmente porque no tienen que dar cuenta a nadie de sus actos. Consideran, con autoridad, que la memoria es la capacidad de olvidar algunas cosas. Por eso no recuerdan que las mismas gracias de sus nietos las hicieron sus hijos. Pero entonces, no las veían, de tan preocupados que estaban por educarlos. Algunos todavía saben jugar a cosas que no se enchufan.

10 – Son personas expertas en disolver angustias cuando, por una discusión de los padres, el niño siente que el mundo se derrumba. La comida que ellos sirven es la más rica; incluso la comprada. Los abuelos huelen siempre a abuelo. No es por el perfume que usan, ellos son así. ¿O no recordamos su aroma para siempre?

En todo caso, pienso que los chicos que tienen abuelos están mucho más cerca de la felicidad. Pero como en estas últimas décadas el mundo pasó a ser más pequeño, algunos padres se fueron lejos, y los abuelos quedaron perdidos en la distancia. Aun así existe una alternativa para los chicos que los tienen lejos: deberían procurarse uno (siempre hay buena gente disponible).

Finalmente, y para que comprendan de una vez los descreídos leyentes, he de decirles: “los abuelos nunca mueren, sólo se hacen invisibles”…

(*) Para continuar entreteniéndose con otras lecturas amenas, mi adicto leyente, tiene mis libros impresos o en versión e-book, que ahora están disponibles en el sitio web: www.clubedeautores.com.br/carlosdelfante … Desde ya, le doy las gracias por adquirirlos.

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