La Razón del Agua Fría


Cuando a ciertos vivientes se les da por querer hablar al respecto del significado de la libertad de expresión, juzgo que lo único que ellos hacen es “descubrir el agua tibia”. En todo caso, pienso que estos mismos deberían tener en cuenta que la libertad de expresión es un asunto vital del ser humano y punto… Es una histórica conquista de los pueblos.

Siendo así, es necesario que el inadvertido leyente asimile de una vez por todas, que si esa manumisión y albedrío no existiese, nunca existirán pueblos libres y, sobre todo, porque esa tal de “libertad de expresión” no es una concesión que los satisfechos gobernantes nos puedan otorgar por mandato, sino más bien porque es un derecho universal con el cual nace el hombre que, dicho sea de paso, desde que nace, lo hace “chillando”.

Por tanto, mi parlero amigo lector, lo único que los enclenques gobiernos deberían garantizarnos, es que todos podamos seguir chillando y pataleando, puesto que del otro lado también hay una pléyade de chillones mayores que son los llamados “políticos”; y elemental, mi adicto leyente, son peores que todos los periodistas juntos… Pues se sabe lo cuanto ellos roban, corrompen, engañan… y al final huyen.

¿Por acaso piensa usted que estoy generalizando? ¿Estoy siendo demasiado simplista en mi evocación? No se preocupe, mi estimado lector. Sé que no va a pasar nada, pues es sabido que con la prensa se hace lo mismo en todo el mundo.

La única diferencia que existe, es que el periodista, lo que en realidad quiere y busca con sus citaciones, es poder de alguna manera impactar y transformar a la semidormida sociedad… Muchas veces adormilada en sueños quiméricos. Además, quiere y busca influenciar de alguna forma sobre el destino de esa misma sociedad a la que representa, a veces, hasta mejor que otros que están plácidamente sentados en las tribunas y demasiado ensimismados como para lograr darse cuenta de la cotidianidad del pueblo que deberían representar.

Lo que en realidad el sencillo leyente tendría que tener en cuenta, es que el periodista no habla de la delincuencia porque sí, sino que la vive, la ve y entonces la cuenta, ya que él a menudo se traslada a los lugares más difíciles y peligrosos. Y entiendo que lo que más importa al pueblo, es que el reportero no lo haga nunca desde un corral y menos aun gozando de impunidad.

Así que, si por ahí vemos que hay políticos disfrazados de periodistas o sirvientes del poder, entonces lo que debemos hacer es desenmascararlos y pronto.

Tenga en cuenta que ningún honesto debe temerle a la verdad, por tanto, reconozcamos y valoremos de una vez a los buenos profesionales, pues sólo los mejores se juegan la vida… y a veces la pierden.

En todo caso, mi amigo, esto aquí no se trata ni de periodismo ni de verdad ni de libertad de expresión. Más bien se trata de manipulación de las masas, del valor de la comunicación y de cómo pueda influir sobre la sociedad.

Por consiguiente, hay que saber dividir entre periodistas y gente de mala fe, pero también entre lo que es política legítima y propaganda pura. Así que, creo que de una vez por todas debemos dejar de hablar del “agua tibia”, y a las claras digámonos las verdades, que tal vez sean baldes de agua fría, pero catárticas para todos… ¿No le parece?

(*) Para continuar entreteniéndose con otras lecturas amenas, mi adicto leyente, tiene mis libros impresos o en versión e-book, que ahora están disponibles en el sitio web: www.clubedeautores.com.br/carlosdelfante … Desde ya, le doy las gracias por adquirirlos.

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