La Difícil Paz de los Narcos


Tal vez el asunto tenga pasado desapercibido entre los magnos leyentes, pero resulta que hace pocas semanas fue realizado en la ciudad de Bogotá una audiencia popular con el intuito de acompañar y discutir el proceso de paz interno que se lleva a cabo en Colombia. A él concurrieron diversas personalidades mundanas de diferentes hidalguías, los que de alguna manera están a favor o en contra de los dos lados antagonistas: el gobierno de Colombia, y las FARC.

Ante tan ilustre platea, concurrió y opinó el senador uruguayo Ernesto Agazzi, un ex militante del movimiento tupamaro uruguayo, quien al ser entrevistado apuntó: “Colombia necesita superar las causas de la violencia, pues de lo contrario, aún si se firma un acuerdo con las FARC, en poco tiempo surgirán otros grupos”… “Yo no quisiera que las FARC se institucionalicen, que dejen de tener una fuerza armada en la selva, y que en cinco años aparezca otra fuerza armada”, terminó por agregar Agazzi, que fuera invitado al foro que acompaña el proceso de paz entre la insurgencia y el Gobierno.

Una pléyade cree que Agazzi tiene razón cuando afirma que “lo primero es terminar con el derramamiento de sangre”, pero quizás, cuando alza su propuesta, él se olvida que esto es algo en lo que, al parecer, la guerrilla no está muy interesada que digamos, pues según se ve a diario en los noticieros: “siguen los secuestros, las extorsiones y los bombazos, mientras sus delegados hablan en La Habana de un soñado cese de la guerra”.

Por otro lado, aquella otra legión de pensantes que es contraria a la posición que defiende el senador uruguayo, no para de preguntarse: ¿es posible firmar la paz con narcotraficantes?

Es elemental, mi civilizado lector, que para nadie llega a ser un secreto que las FARC son el cartel de drogas más grande del mundo, pues es sabido que ellos buscan lucrar de alguna manera con toda la cadena de cultivo, manufactura, distribución y venta de ilícitos, y que, según la conclusión de los analistas especializados en este asunto, se las consideran como responsables de la mayor producción de marihuana, coca y heroína en los últimos años, luego después de la muerte y desaparición de los Barones colombianos.

En todo caso, nadie puede olvidarse de que el conflicto interno de aquel país sudamericano ha dejado a lo largo de medio siglo de enfrentamiento, un tendal de casi 600.000 muertos y de aproximadamente 4 millones de desplazados… Pavadita de números.

Sobre el mismo tema, hay preguntas que aún no poseen la debida respuesta. Yo, por ejemplo, me cuestiono lo siguiente: ¿Quién será capaz de garantizar al pueblo que los violentos no volverán a delinquir? ¿O será posible que, una vez firmada la paz, sus crímenes queden en la impunidad?

Obvio que estas son las mismas preguntas que el Gobierno colombiano todavía no acierta a responder… Mientras tanto, sólo resta rogar para que algunos de los dioses concedan paz a la región y se encuentre una solución definitiva a este asunto.

(*) Para continuar entreteniéndose con otras lecturas amenas, mi adicto leyente, tiene mis libros impresos o en versión e-book, que ahora están disponibles en el sitio web: www.clubedeautores.com.br/carlosdelfante … Desde ya, le doy las gracias por adquirirlos.

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