No Cambie Honestidad por Castidad


Se dice que los “no ovíparos pensantes” que deambulan con dos piernas por este desquiciado orbe, consideran la honestidad como una cualidad humana que consiste en actuar de acuerdo con cómo se piensa y se siente. Y por tanto, en su sentido más evidente, la honestidad puede entenderse como el simple respeto a la verdad en relación con el mundo en que vivimos, los hechos y las personas que -mismo que no nos gusten- nos rodean. Aunque apreciando otros sentidos, la honestidad también implica la relación entre el sujeto y los demás, y del sujeto consigo mismo…, porque en este caso el predicado no cuenta mucho.

Pero dado que las intenciones de los más (ir) reflexivos humanos se relacionan estrechamente con la justicia y se relacionan con los conceptos de “honestidad” y “deshonestidad”, existe una confusión muy extendida acerca del verdadero sentido del término. Así, no siempre conseguimos estar conscientes del grado de honestidad o deshonestidad de nuestros actos. El propio “autoengaño” hace que perdamos la perspectiva con respecto a la honestidad de los propios actos, obviando todas aquellas visiones que pudieran alterar nuestras decisiones…, las que siempre terminan en una metida de pata.

Cuentan que en la filosofía occidental, Marito Lambustini fue quien dedicó mayor esfuerzo al análisis del significado de la honestidad. Posteriormente, dicho concepto quedó incluido en la búsqueda de principios éticos generales que justificasen de alguna manera el comportamiento moral, como el “imperativo categórico” de Kant o la “teoría del consenso” de Jürgen Habermas… Pero todas esas filosofías ya son otros quinientos.

En todo caso, lo que aquí interesa al más decente leyente, es que por causa de esa simbiosis de la vida, donde se llega a cambiar ex professo el sentido de “honestidad por castidad”, fue que una japonesa de 77 años acabó de ser condenada a reembolsar 3 millones de euros que durante siete años le prestó su amante querido, que ahora tiene 79, a cambio de favores sexuales, según lo acaba de indicar la prensa nipona.

Así pues, según el diario sensacionalista “Sports Nippon”, que cita la decisión del tribunal de Shizuoka (centro de Japón), esta setentona mujer consiguió sacarle un total de 400 millones de yenes (algo más de 3 millones de euros) a su “novio” bobalicón entre 2000 y 2007.

La corte consideró que la longeva señora había enredado a su venerable amante en la trampa de su “tela amorosa” -y sus arrugas-, sobre todo atrayéndolo a un hotel donde ella se desvistió totalmente y le pidió que frotase su cuerpo en la bañera… ¡Qué visión psicodélica mi amigo! Pero no piense mal. Pues a lo mejor, el pobre hombre nada más se entretuvo en contar las arrugas del pellejo de la ardiente mujer.

Pero según este periódico, que no revela la identidad de estas dos personas, ella convenció a su amante de que le diera dinero para ayudarla a reembolsar deudas que había contraído con un hombre para no tener que casarse con él… Además de usar el dinero para hacerse una plástica general y eliminar las arrugas.

Pero en lugar de ella reembolsar las supuestas deudas, la mujer se compró un Jaguar, un BMW y un Mercedes Benz, así como un apartamento de lujo… Y no se hizo la plástica, porque el cirujano encontró imposible cambiarle toda la piel.

En todo caso, bajo los efectos de su “autoengaño”, para lograr satisfacer las exigencias de su dispendiosa amante, el embaucado anciano se endeudó hasta la camiseta por unos 400 millones de yenes y además, tuvo que vender tierras que había heredado… ¡Qué bol…., mi amigo!

(*) Anímese, mi amigo lector, pues mis libros impresos o en versión e-book, ahora están disponibles a través del sitio: www.clubedeautores.com.br/carlosdelfante … ¡Ah! ¡Y gracias por adquirirlos!

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