Cartas de Darwin no son Teóricas


Con las neuronas funcionando a todo vapor, cosa que no ocurre seguidamente, llego a conjeturar que en las cartas hayan quedado registradas frases como: “Sos un egocéntrico, un egoísta, poco confiable, imprevisible y cobarde, y todo esto te lo digo desde el afecto…”. Si es así como lo supongo, más de mil se quedarán helados ante semejante demostración de “cariño”.

En todo caso, mi epistolar amigo, esas chulas expresiones que he registrado, no son más que signos de “modas” actuales con las que busqué remplazar algunos términos antiguos por otros más modernos, pero que de alguna manera nos asombran todos los días en un mundo cada vez más acostumbrado a la contradicción.

Por consiguiente, todo se debe a las intrínsecas deducciones que he elaborado después de enterarme que la “BBC” de Londres acaba de divulgar para todos los vulgos, que el famoso naturalista británico Charles Darwin sentía que, al escribir su teoría de la evolución, -base de la biología como ciencia-, era como si estuviese “confesando un asesinato”, según se lo reveló por escrito a su mejor amigo en una serie de cartas.

Ahora se sabe que Darwin llegó a mantener durante años una correspondencia regular con el botánico inglés Joseph Hooker, tipo con el que compartió algunos de sus sentimientos más privados, como la tristeza por la muerte de su nuera o sus reticencias acerca del trabajo que realizaba… Y creo que hasta le detalló a toda tinta, sobre el afligido día en que descubrió que “su nene” se le había desmayado para siempre.

Pues bien, juzgo que si no lo hizo, fue porque no quiso. Pero resulta que una junta de investigativos inquisidores británicos ha descubierto actualmente la existencia de esta “especial relación” entre las más de 1.400 cartas inéditas que el científico escribió y recibió a lo largo de toda su vida, las que luego serán publicadas online por la conspicua “Universidad de Cambridge”.

Fue con ese tal de Hooker, con quien Darwin se atrevió a exponer por primera vez su revolucionaria teoría sobre el origen de las especies, que, como se sabe, contradecía directamente a la entonces sabuesa religión. Sin duda, fue una atrevida afirmación que sólo se animó a compartir con su amigo en prueba de la confianza que éste le profesaba.

“Cuando llegaron los últimos rayos de luz, yo ya estaba casi convencido (contrariamente a la opinión con la que comencé) de que las especies (es como confesar un asesinato) no son inmutables”…, llegó a escribir Darwin con esos paréntesis, desde la reclusión en la que prefirió vivir durante sus años de estudio.

Hooker, por su parte, le respondía con preguntas que dieron inicio a un intenso debate entre ambos, aunque éste buscó apoyar firmemente a su amigo ante las críticas que recibió en el debate religioso posterior a la publicación de la famosa “Origen de las Especies” en 1859.

Todo lleva a creer -mismo después de quemar mis pestañas mirando el mapamundi-, que ambos hombres se conocieron en su juventud, mientras viajaban como investigadores botánicos, Darwin en las islas ecuatorianas de Galápagos y Hooker en la Antártida, y aunque pronto sus carreras se separaron, ellos continuaron viéndose ocasionalmente y manteniendo el contacto por carta… El amor es sublime, mi amigo.

Fue por intermedio de estas misivas que ellos llegaron a revelar su tristeza por las pérdidas familiares; donde Darwin describió a Hooker la muerte de su nuera Amy al dar a luz y la preocupación por su hijo, que tras quedar viudo se marchó a Gales.

“Te diré que nunca he visto a nadie sufrir tanto como el pobre Frank. Se ha ido al norte de Gales a enterrar el cuerpo en una pequeña iglesia entre las montañas… Me gusta escuchar que está decidido a esforzarse y trabajar en todos los aspectos, pero no sé durante cuánto tiempo será capaz de mantener esta voluntad”, le alcanzó a escribir Darwin a su amigo querido.

No ha sido mi deseo con lo aquí expuesto, que el excelso lector se confunda, pero debo advertirle que el corso, a contramano de terminologías pseudopsicoanalíticas, incluye decir no desde el sí, odio desde amor, deseo desde el rechazo y depravación desde la santidad. En realidad, considero que tales cartas han de servir para dorar la píldora de todos los mortales que tienen que aguantar agresiones de los que dicen quererlos, pero que en verdad los odian o los envidian… ¡Aunque ésta sea una teoría Darwinista!

(*) No se apoque, mi amigo lector, pues mis libros impresos o e-book ahora están disponibles a través del sitio: www.clubedeautores.com.br/carlosdelfante… ¡Ah! ¡Gracias por adquirirlos!

1 comentario (+¿añadir los tuyos?)

  1. page
    Abr 30, 2013 @ 22:09:06

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