Una Pléyade ya Piensa con Cabeza Propia


Considerando los obliteros resultados que fueron mencionados por los medios en la madrugada posterior del domingo 14 de abril, nos enteramos -algunos risueños y otro no-, de que Nicolás Maduro fue el ganador de las últimas elecciones presidenciales realizadas en Venezuela y, en el caso de éste sujeto pasar por la prueba del recuento de votos que muy justamente habrá de emprender el Consejo Nacional Electoral de dicho país, sucederá definitivamente al difunto y polémico comandante Chávez.

Sin embargo, dicho corolario deja claro que su aparente victoria brinda un mal sabor entre sus adláteres más connotados dentro y fuera de su país: el estrecho margen de votos que lo separa del líder opositor Henrique Capriles, lo que sin ninguna duda refleja una escisión social muy seria en Venezuela…O, “República Bolivariana”

En efecto, ese estrecho porcentual existente entre el 50.6% de los votos que obtuvo, cuando lo comparamos contra el 49,07% conquistados por su adversario, nos devela la fragilidad de la herencia populista dejada por su antecesor, y nada más significa que una severa advertencia a todos aquellos que buscan utilizar la imagen del ex-líder incontestable, que ahora está siendo sacralizado como ícono, como si éste fuese un fetiche capaz de garantizar una muy prolongada permanencia en el poder. Desde luego, mientras persistan en querer emplear para ello el idéntico sistema democrático hasta ahora aceptado en aquel país.

De igual modo, tampoco gozan de credibilidad todas las quejas que fueron mencionadas por Maduro antes de la elección, cuando se le dio por aludir la existencia de un tipo etéreo de conspiración en su contra, como por ejemplo: ¿Apagones planificados en su contra, luego de transcurridos 14 años de un riguroso poder chavista y del control de toda la industria eléctrica?… ¿Un desabastecimiento a propósito, pese a los mercados paralelos impulsados desde el Gobierno?

Juzgo que no es necesario que yo mencione más nada. El propio sápido lector será competente para concluir que la socorrida tesis del complot desestabilizador con participación foránea, ya no tiene algún poder de convencimiento capaz de arrastrar a las multitudes, como si estas fuesen ovejas rumbo al matadero.

Por consiguiente, gusten o no, podemos sacar a limpio que las recientes elecciones venezolanas dejan una contundente lección para todos quienes detentan el poder en América Latina, y son habitués en querer utilizar todos los recursos del Estado en contra de sus adversarios. Puede que se olviden de que, poco a poco, muchos de los votantes que les beneficiaron antaño, de igual forma se saturan con la propaganda apologética y pasan a refugiarse en el viejo recurso de pensar con cabeza propia.

En todo caso, amigo leyente, hay que tener en cuenta que el voto es el arma más efectiva que el pueblo tiene para expresar su voluntad, premiar aciertos, castigar errores y corregir equivocaciones. Hasta los más cándidos han de recapacitar un día, que los sistemas democráticos están construidos sobre las bases fundamentales de la perpetua prueba y error que las sociedades ejercitan con sus elecciones, opciones o “resignaciones” de acuerdo al panorama de la oferta que cada sector del espectro político presente en sus plataformas… ¿No es verdad?

(*) No se apoque, mi amigo lector, pues mis libros impresos o e-book ahora están disponibles a través del sitio: www.clubedeautores.com.br/carlosdelfante … ¡Ah! ¡Gracias por adquirirlos!

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