Hipocresías y Apariencias Terapéuticas del Sexo


Mi amigo, no existe dudas de que pocos meses después que los insignes humanos se casan, cuando la pareja todavía se están adaptando a la nueva rutina capaz de arruinar sus vidas, siempre surgen aquellos chismosos indiscretos que les preguntan con cara de chivata: ¿Y la vida sexual, cómo está?

Por sí sola, este tipo de pregunta es capaz de generar un aura de constreñimiento en la yunta de palominos, ya que al final de cuentas ese es un asunto íntimo, además de ser el tipo de interpelación más equivocada que la gente podría realizar.

Tal vez, juzgo que eso se deba a que muchos no sepan que la frecuencia sexual y la felicidad no son la misma cosa. Pero no quiero que me entienda mal, mi amigo, pues es obvio que todos los vivientes precisamos de sexo. El sexo calma, une, hace bien para la salud y nos deja con una deliciosa sensación de euforia. Sólo que todo el resto también es muy importante. Y sobre este dictamen ya habrá una pléyade que ha de preguntarse: ¿qué resto es ese al que me refiero?

Pues bien, quien tuvo la oportunidad de visitar la “Erótika Fair” -feria de erotismo realizada en São Paulo- pudo apreciar en medio a vibradores, muñecas inflables, juguetitos sicalípticos y shows eróticos, como era el comportamiento de los visitantes. Allí estaban presentes personas de todas las edades, con procederes diferentes, maneras disparejas de vestirse; pero eso sí, todos tenía el único objetivo de descubrir: “con lo que podría tornar su vida sexual más interesante”.

En aquel amplio salón era posible distinguir a jóvenes con cara de quien todavía moraba en casas separadas, pero que se entretenían intercambiando picardías al pie del oído. También había parejas más viejas que estaban escogiendo piezas íntimas sensuales u otros artículos… Y, claro, las parejas que estaban peleándose por algún motivo.

La conversación de estos últimos comenzaba bien; ellos estaban vichando o escogiendo lo qué comprar y, justamente ahí, de la nada, uno de los dos dejaba escapar una farpa ácida. Claro que esa agujada no era dejada de lado por la otra persona. La farpa era devuelta de inmediato de manera más agria que la anterior, cuando infelizmente era posible escuchar: “Era mejor que tu no hubieses venido”.

Imagine que cosa horrorosa es tener que oír de la persona con quien uno escogió dividir la vida, que era mejor que ella no estuviese a su lado. Empero, es justamente eso que sucede cuando las personas no están en la misma sintonía, que hacen las cosas por obligación y no consiguen más tratarse con el respeto que se merecen. Y créame, mi amigo, que nada de todo eso se resuelve con el sexo en la horizontal.

Sepa que el sexo viene luego después de toda cuestión emocional, mi ilustre amigo. Por eso que todo bípede debe entender que los problemas que son resueltos con sexo, son apenas aquellos que tienen cuño sexual. Nadie puede querer salvar la relación, el diálogo y la interacción entre él y su pareja apenas transando… Hasta porque es cansador y no hay cuerpo que aguante.

En determinados momentos algunas cosas precisan ser dichas, otras precisan ser sentidas, pues al final de cuentas es importante recordar que un relacionamiento feliz, es como un quiebra-cabezas, donde si una parte está virada del lado errado, usted jamás ira conseguir montar las restante.

Créame. Todos los relacionamientos a largo plazo necesitan de reciprocidad, intereses en común y el respeto a los límites del otro. La obligación de uno es ayudar a la otra persona a evolucionar; incentivarla a descubrir lo que la deja feliz; lo qué le da placer y la hace sentirse bien. Y eso es en todas las áreas de la vida, no apenas en el sexo de pie o acostado.

Tenga en cuenta que en cuanto existan problemas entre dos personas, el sexo apenas irá enmascarar esas cuestiones y no resolverlas. En todo caso, lo que sí usted debe hacer, es intentar mantener las dos cosas en paralelo. Pues es obvio que usted no querrá dejar de hacer sexo en cuanto resuelve una cuestión que puede demorar décadas para tornarse ideal; pero tampoco puede fingir que está todo bien porque sexualmente ustedes están satisfechos… Eso es de locos.

Por tanto, cuando dos personas se casan, las preguntas que los amigos y la familia deberían realizar, serían: ¿Ustedes han conversado?… ¿Han conseguido decidir las cosas sin pelearse?… ¿Han logrado respetar el espacio de uno y otro?, u otras por el estilo.

Aunque algunas veces, mi curioso leyente, puede que surjan en nuestros oídos las palabras de aquel mentado refrán: “Yo sé que tú sabes que yo sé”, que eso no es más que un código que ha sido impuesto a lo largo de los siglos de hipocresía, una hipocresía de la que no estamos exentos casi ninguno… ¿Ufano, no?

(*) No se apoque, mi amigo lector, pues mis libros impresos o e-book ahora están disponibles a través del sitio: www.clubedeautores.com.br/carlosdelfante … ¡Ah! ¡Gracias por adquirirlos!

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