La Economía se Basa en Pechos Menores


A todos aquellos seres terráqueos que tienen algún desperfecto invisible o no en la válvula solenoide, y en consecuencia llegan a sufrir de disentería mental y alcanzan esplendidos orgasmos imaginativos, he de señalarles que a los hombres ricos, lo que en realidad más les gusta, -además de contar dinero-, son las mujeres con los pechos pequeños.

Entiendo que muchos, conducidos por la mano incorpórea de una constipación especulativa, ya estarán dirigiendo su pensamiento para raciocinar que eso se debe a que, por cuestiones de tacañería y economía doméstica, los más pudientes lograrían economizar algunos pesos con la compra de ropa íntima para sus desmirriadas doncellas sin pechuga… Habría que verlo.

Pero debo alertarlo de que no es así, mi ilustre amigo, o por lo menos no es esa la rimbombante conclusión que resultó de una intrépida investigación que fue realizada por el instituto “Plos One”, y que acabó por ser publicada en su prestigiosa revista científica de carácter multidisciplinar. Y aunque el nombre no le diga mucho, se trata de un conocidísimo instituto de investigaciones dirigido por expertos neurocientíficos… que es más o menos igual que neurasténicos.

En todo caso, se divulgó que los investigadores incluidos en tal estudio, ahora acreditan que en los momentos de pobreza -del bolsillo y no mental- los hombres retoman de alguna manera sus instintos primitivos y van luego atrás de la abundancia, o sea, quieren echar manos a pechos mayores.

Dicha investigación comenzó con 266 hombres de todas las clases sociales que habitan en Malasia, quienes fueron expuestos a fotos de mujeres iguales, pero que tenían tamaños de senos diferentes. Por tanto, la única misión de ellos en ese circunspecto momento, era escoger la más bonita… y no cachearla, obvio.

Por demás está decirle que los más ricos escogieron predominantemente a las féminas de senos menores, en cuanto los más pobres prefirieron aquellas mujeres que los tenían mayores… Sin aclarar si eso se debía a la silicona.

No sintiéndose conformes con el resultado, la pesquisa volvió a ser repetida en Inglaterra, la histórica tierra de los Ricardos, Eduardos y Shakespeares, pero esta vez con 66 hombres hambrientos y 58 bien alimentados. Y, ¡milagro!… el primer grupo prefirió las muchachas de senos mayores; y el segundo, menores… ¡Háyase visto tanto desquicio!

Siendo así, juzgo que no hay razón mayor para preguntarnos, ¿quién? Pero resulta que el tedio y la sugestión me han atraído hacia un laberinto con un dios. Pero casi de inmediato me cuestiono ¿qué dios sería?, ¿qué laberinto es?, ¿qué dios laberíntico será éste?, y no sabiendo la respuesta, tal vez todo esto resulta nada más que en una simple novela policiaca, una vulgar historia de asesinato y hambre, de asesinato e investigación, el criminal, la víctima, el dinero, el hambre. A no ser que, al contrario, preexista la victima al criminal, y, finalmente, el detective, los tres cómplices de la muerte… ¡Ah!, y el vil dinero.

En verdad, os diré que el lector de novelas policiacas llega a ser el único y real superviviente de la historia que esté leyendo, si no es como decano sobreviviente único y real lo que lee todo lector en cualquier historia… ¡Impresionante, mi amigo!

(*) No se apoque, mi amigo lector, pues mis libros impresos o e-book ahora están disponibles a través del sitio: www.clubedeautores.com.br/carlosdelfante… ¡Ah! ¡Gracias por adquirirlos!

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: