La Mujer ya no es la Eterna Misionaria


Resulta que una viviente amiga presenció la película “Las Sesiones”, en la que Helen Hunt interpreta una terapeuta que ejerce el acto sexual con un hombre paralitico, todavía virgen, contando con la orientación de un sacerdote. Pero al final de la película ella se encabritó con lo que vio. Empero, ella llegó a garantirme que, en realidad, no todas las mujeres practican sexo por piedad, ni por caridad.

Y la entiendo, pues juzgo las mujeres normalmente hacen sexo por el placer que el propio sexo les da. Claro que ese placer también puede estar mezclarlo con diversas sensaciones de otros tipos, aunque todas esas emociones están extremamente ligadas con deseo, tesón y orgasmos… Faltaría más.

En todo caso, en dicha película el personaje femenino mantiene sexo con personas llenas de dificultades. Pero eso no tiene nada de tan noble así como los productores quieren que parezca. Por ejemplo, las prostitutas que trabajan en una casa de descanso en Gran Bretaña hacen el mismo tipo de cosas y, no en tanto, ellas son apuntadas como siendo un problema social.

Así es que, al leer que las mujeres hacen sexo porque los hombres necesitan de ellos desesperadamente, es como querer decir en las entrelineas, que ellas están aquí en el mundo para satisfacer al otro. Y hay que reconocer que no, que no es así. Al practicar sexo, las personas deben satisfacerse mutuamente, ya que es el único momento en la vida en que ser egoísta no significa ser tan ruin cuanto parece, desde que eso sea recompensado en el momento siguiente, mismo durante los relámpagos de egoísmo.

Las mentes entendidas del sexo “fuerte”, afirman que sus cuerpos no son regalos, como tampoco son paquetes que necesitan ser abiertos. Ellas mismas abren sus cuerpos para el placer, ya sea mezclado con otras sensaciones o no. Y eso es algo que para muchos es fácil de comprender, pues su placer está ligado a tantos otros detalles que van más allá de la penetración o de un pene; aunque de igual modo, es difícil que muchos caminantes lo vislumbren por ese ángulo convexo.

El ilustre lector debe entender que, el dichoso placer, ellas lo pueden conquistar transando con tipos feos, sucios, descamisados, desdentados, deficientes físicos, o igualmente con tipos ricos, lindos, famosos, y, hasta si se les antoja, con ella misma haciendo un monólogo manual delante al espejo… Lo que sería un desperdicio.

Pero como las normas de lo que es bonito y deseable han mudado para cada persona, ni todo el mundo sigue los patrones que imponen los medios. No todo el mundo procura algo externo. El placer es algo totalmente personal, y no querer entender eso, hace del viviente una persona sin preparo mental para encontrar su propio gozo.

No quiero quemar mis manos, pues ellas no son ni santas ni diablas, son apenas personas que, en la cama, están buscando un alivio para las diversa presiones del día a día, y utilizan el sexo como una manera de relajar y no tener que hablar, oír, dar una respuesta pensada y certera… Solo quieren suspirar y gritar.

No se olvide, incrédulo lector, que durante el sexo, nuestro cuerpo habla, se expresa, muestra los caminos que escogimos, y por ello nadie tiene cualquier derecho de juzgar a los otros. Por tanto, si usted es hombre y cree que penetra una mujer porque ella está siendo generosa, entonces le diré que necesita adquirir un poco de amor propio.

En realidad, usted penetra una mujer, hace sexo oral con ella y al fin recibe de ella los mismos estímulos, todo por causa de que usted es deseable, porque despertó eso en la mujer e hizo con que ella sintiese esa voluntad. Entonces, mi conspicuo amigo, de más valor a usted mismo y un poco más de crédito a la mujer con quien se acuesta.

No es nada lisonjero pensar que una otra persona depende de nosotros, ni de nuestro cuerpo, ni de nuestra atención o afecto. Amar no tiene nada que ver con eso. Amar no es dependencia. Amar es intercambio y andar lado a lado, es dividir experiencias, deseos, miedos, deudas, puertos seguros y puntos de equilibrio.

En todo caso, el moralismo de todo esto está en querer que el mundo acredite que la mujer transa por sentir algo noble por el hombre. Pero le diré que la mujer transa porque quiere transar, porque quiere ser deseada, quiere gozar y hacer gozar a su pareja. La mujer ejercita el sexo por el mismo motivo que lo hace el hombre.

La nobleza e todo esto, mi amiga, está en seguir sus propios deseos, conocer quien realmente usted es y no huir de su propia verdad, mismo que pueda ocurrir que, en vez de ser la próxima santa generosa, sea la próxima callejera…  Si es que entiende el silogismo, obvio.

(*) No se apoque, mi amigo lector, pues mis libros impresos o e-book ahora están disponibles a través del sitio: www.clubedeautores.com.br/carlosdelfante… ¡Ah! ¡Gracias por adquirirlos!

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