La Muerte del Pene Pequeño


Puede que una pléyade de leyentes estuviese aguardando que abordase otros asuntos, como por ejemplo, referirme a Samuel Beckett y sus historias breves recogidas en “Textos para nada”. Pero la verdad honesta y límpida, mi intención aquí nada más es que pensar en aquello mismo: los utensilios metempsicóticos, higiénicos y estéticamente perfectos, a través de los cuales, como se sabe, desde los tiempos de la vieja Grecia vienen contribuyendo, por siglos, para el equilibrio de la humanidad.

Aunque en verdad, como lo inútil siempre acontece de forma ventajosa, tampoco ha ocurrido en Termopilas, local en que la coherencia de los hechos se aproxima mucho de lo que veremos, pues al final, allí, Herodoto asombró a sus convivas y acabó sorprendido por el pastiche gótico que se estableció en la Historia… ¡Idílico y Homérico!

Pues bien, nada más digo que, para bajar la temperatura de tantos raciocinios abrasadores, una madre de Indonesia terminó por matar ahogado a su hijo de 9 años bajo la desquiciante alegación de que estaba muy preocupada con el poco o nada futuro promisor que tendría el niño, y nada más por causa de que el nene tenía un “pene pequeño”. Para ella, estaba segura que en un futuro eso terminaría por afectar por demás la vida del infante.

En todo caso, la castrante información fue dada por un vocero de la policía no hace más que un par de semanas atrás, según relata la agencia de noticias AFP y la “News.au”.

En aquel asfixiante momento, la mujer de 38 años, que vive actualmente en la capital Jakarta, explicó que su hijo ya tenía un pene pequeño antes mismo de ser circuncidado, pero que después de la circuncisión, a ella le pareció que el órgano había encogido aún más, según lo informó el portavoz Rikwanto.

De acuerdo con la declaración dada por la policía, se sabe que: “Ella ahogó a su hijo en una bañera. Después lo vistió y colocó su cuerpo en la cama. Entonces fue a la comisaría para confesar el crimen”.

Entonces, como ellos estaban convencidos de que la mujer estaba consciente de lo que había hecho, la policía pidió la realización de un examen psicológico para evaluar el estado mental de la mujer.

¡No sé! Pero como ya estoy sintiendo que mi sangre fenicio comienza a hervir en las venas, pienso que lo mejor de todo es distinguir con clarividencia la diferencia que existe entre “lo ocioso y lo pernicioso”, y entregarme de vez a leer un ejemplar de “Las Metamorfosis” de Ovidio, un poema en quince libros que narra la historia del mundo desde su creación hasta la deificación de Julio Cesar, quien, como imagino que el noble lector ya lo sepa, había nacido en el seno de la gens Julia, y no perdió oportunidad en convertirse en el amante fornicador de Cleopatra… ¡Rimbombante!

(x) Para adquirir las obras de este autor en ediciones impresas o e-book, solicítelas en el sitio www.clubedeautores.com.br/carlosdelfante

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