Helado con Sexo y Placer


Ya se fue aquel tiempo en que millones de hombres y mujeres se sentaban por la mañana a tomar café con leche, y leer en el diario la lista publicada de los que se habían muerto. Un ritual por si encontraban algún conocido y, quién sabe, poder llegar a tiempo al velatorio.

Eran noticias de la muerte, de un destino marcado y por cumplir, día, hora, el nombre por entero de alguien que tal vez conocían. Luego venían los comentarios: fue de cólico hepático; quizás había ido al médico y dejara de beber; tal vez había dejado de lado lo de la consulta y empezara a beber el doble, para poder morir antes.

Eso era algo así como mirarse en el espejo, superficie dos veces engañadora porque éste reproduce un espacio profundo y a la vez lo niega mostrándolo como una mera proyección donde verdaderamente nada acontece, sólo el fantasma exterior y mudo de las personas y las cosas.

Sin embargo todo ha mudado, y ahora pasamos a darle más atención a los últimos descubrimientos de la ciencia, razón por querer mantener las apariencias y estar más protegidos de ese negocio de estar o del haber estado en este mundo.

Por lo tanto y como eso es lo que realmente interesa a la pléyade de leyentes, les diré que un reciente estudio llevado a cabo en el “Centro Médico de la Universidad de Maryland” (EE.UU) por la coagulada doctora Jane Jakubczak, quedó demostrado que una porción de helado es capaz de mejorar nuestro humor.

Ya sé, usted estará preguntándose: ¿Cómo? Pero le recalco que eso se debe gracias al contenido de triptófano, un aminoácido que puede reducir la agresividad de los bípedes. Además, la cristalizada doctora informa que el heladito aumenta la producción de serotonina -aquella hormona responsable del humor y del placer-, ayudando a combatir el estrés y mejorando -entre otras cosas- la calidad del sueño por la noche.

Por otro lado, ya que el asunto de esta doctora era medio frío, una segunda investigación realizada en Inglaterra por los neurocientíficos del Instituto de “Psiquiatría de Londres” (lugar donde ellos guardan a los chiflados), también reveló que comer helado activa la misma zona de placer en el cerebro, que es donde se encuentra el deseo de ganar dinero o de escuchar nuestra música favorita.

Para conseguir las pruebas comprobatorias, los neurocientíficos juntaron a un grupo de pacientes que disfrutaron de un rico helado de vainilla mientras se le hacían resonancias magnéticas… ¿Resultado? En todos ellos encontraron un efecto inmediato en las partes del cerebro que se activan cuando las personas se divierten, como la corteza orbitofrontal.

En todo caso, todos sabemos qué de nada sirve un helado cuando un disgusto, por pasajero que sea, una jaqueca, incluso de las más soportables, transforman inmediatamente el curso de los astros, perturban la regularidad las mareas, retrasan el nacimiento de la luna, y, sobre todo, desajustan las corrientes del aire, el sube y baja de las nubes…

Empero, hay también quien diga que la naturaleza se muestra indiferente a los dolores y preocupaciones de los hombres, pero a estos incautos les digo que esta no sabe ni de hombres ni de naturaleza, pues cuando nos falta un peso para comprarnos el placentero heladito, el viento se levanta, se abre el cielo en cataratas, y eso no es más que la naturaleza complaciéndose del afligido… ¡Impresionante!

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