El Realismo de la Politización


Indiscutiblemente, dentro de la jerga académica se dice que el “positivismo” alude más que nada a una postura filosófica en el plano de las ciencias. Sin embargo, en la cultura popular de muchos países, ello significa una actitud optimista ante la vida. Por ejemplo, podemos afirmar que en el sector del entretenimiento todo tiene que ser positivo para de tal modo buscar eludir los malestares que nos producen las incómodas actitudes políticas de algunos príncipes que nos gobiernan y la economía global. Por eso que la tendencia actual es que la gente exija que todo venga acompañado con una carga lúdica, y mejor si es con música y sonrisas blanqueadas y esculpidas por el dentista de moda.

Cuando una vez fue realizada una charla con algunos jóvenes estudiantes de periodismo, al preguntarles el profesor qué aspectos deben ser fundamentales en la presentación de una noticia, uno de ellos dijo que debía ser “entretenida”. Claro que a mí tampoco me gusta el aburrimiento, pero me parece que hay otros aspectos que deben estar contenidos en una noticia, como son la investigación, contrastación de fuentes y la perspectiva crítica.

Por lo tanto, la sociedad de los aburridos, sedienta que anda de entretenimiento, así como un vampiro lo es por la sangre, parece que quiere desentenderse de la conflictividad política. Hay quienes dicen que los gentíos están más “politizados” que nunca, pero sucede que tal politización está basada en si uno le cree o no a la feliz y muy entretenida propaganda oficial, o lee los artículos investigativos acerca de los actos de corrupción y abusos en el Gobierno, porque esas cosas son muy distintas.

En todo caso, prefiero la “politización” en que se confrontan versiones y experiencias con argumentos, no la que se basa en un apasionamiento similar al de tantos fanáticos que andan sueltos por ahí, situación ésta que ya se ve en las reuniones familiares y de amigos en las que es mejor no hablar de política, dada la polarización y crispación que toma cuenta del ambiente.

Pues bien, ahora sólo nos falta que algún funcionario público de alto escalón nos venga a solicitar que no se aborde el tema político en una reunión, porque eso podría incurrir en ofensas a los candidatos. Óptimo, así se desnaturalizaría el tema y enfoque de esa tradición: la política vista desde un ángulo irónico.

La lógica, la sensatez y el sentido común indican que una sociedad corre peligro de desintegración cuando se deteriora la comunicación entre los seres humanos, y cuando  los autoritarismos de turno intentan imponer sus dogmáticos y muchas veces rígidos moldes que para nada contemplan las diversidades y diferencias.

No olvidemos que una de las características más sólidas de los sistemas democráticos es, por el contrario, el respeto a esas formas distintas de ver e interpretar la vida.

Querido lector: pierda el temor, elabore su reunión cómo le plazca…, esa libertad no se la puede quitar nadie.

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