La Flama del Fanatismo y la Intransigencia


A cierta altura de la vida ya no nos puede extrañar que hayan temas mundiales que perduran en el cotidiano como si estos fuesen un apéndice de nuestra existencia, principalmente cuando estos envuelven beligerancia, fanatismo, e intransigencia que esconden intereses más económicos que políticos o religiosos, y todo porque estos mismos temas son los que se mantienen interminables a costo de la obcecación y testarudez de algunos líderes, mientras los humanos caminan como si fuesen ovejas de presepio.

En un caso específico y, salvando las distancias, se puede decir que fue así desde la época de Abraham y Moisés, nombres de hombres citados en el Antiguo Testamento como patriarcas de la Tierra Prometida (Israel), el uno como fundador y el otro como el conductor que devolvió al pueblo a su patria tras el exilio en Egipto.

En aquella época los territorios no estaban vacíos. Tan solo había diversas tribus que los habitaban, como los filisteos, fenicios, moabitas, idumeos, hititas, madianitas, amorreos, amonitas y algunas menos expresivas.

Se puede afirmar que los filisteos son los actuales palestinos que ocupan una mínima parte del territorio (Gaza y Cisjordania), el que consideran que les fue arrebatado tras la Segunda Guerra Mundial, cuando por acuerdos entre las potencias de Gran Bretaña y EE.UU, e impulsados por su comunidad judía, dieron el beneplácito para la creación de Israel en 1948 en los territorios que entonces eran protectorado de la ONU bajo el control británico, luego de haber sido, hasta 1919, parte del Imperio Turco-Otomano.

Quien se recuerda de su época de estudiante, sabe que durante su historia, estos mismos territorios han sido un excelso teatro de conflictos y el eje de disputas geopolíticas entre varias potencias, y todo por causa de sus intereses económicos (reservas de petróleo) o intereses políticos (los del Estado judío).

Durante décadas, los palestinos se han sentido desplazados y han vivido la diáspora que, por siglos, también les tocó vivir a los judíos hasta la creación de Israel. Además, no se puede descartar que otros intereses están en juego, como los de vecinos incómodos: Egipto (que mantiene relaciones con Israel), Siria, Irán (que amenaza con borrar del mapa a ese país), Irak, Jordania, Líbano y -mirando desde lejos-, una compleja Turquía.

Pero los más recientes problemas parece que siguen siendo consecuencia de cierta intransigencia de los líderes de ambas comunidades (Netanyahu y Habbas) que se han alejado de la línea moderada del extinto Yasser Arafat de Palestina o Yitzhak Rabin (primer ministro de Israel asesinado por causa fanatismos religiosos).

Esto significaría la reanudación de la Intifada, o Guerra Santa, si este término le gusta más, pero de cualquier modo que se le llame, no significa nada más que la continuación de consecuencias impredecibles.

Consiguientemente, y por todo lo que ya se vio, profeso que el mundo tendría que estar atento a esta llama interminable de beligerancia, fanatismo, e intransigencia que esconden otros intereses que suponemos pero que no nos cuentan.

Ojalá que la tregua acordada por estos días surta efecto… Los escépticos así lo esperan.

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