La Ilusoria Historia de la Maleta


Nunca quise parecer un individuo penumbroso ni pájaro de mal agüero, mismo que muchos trascendentales bípedes de este sombrío firmamento insistan en rotularme con no muy auspiciosas denominaciones y menos floridos apelativos. Pero en fin, puede que ellos no encuentren el lado cóncavo o convexo de su existencia… ¡Allá ellos!

Pero que más remedio que tener que contarles que finalmente un hombre murió. Y al darse cuenta de lo que le había sucedido, vio que se acercaba Dios y que éste llevaba una maleta consigo.

Fue justo en ese momento que escuchó la voz de Dios diciéndole:

– Bien hijo, ha llegado ya la hora de irnos.

Pero el hombre asombrado le preguntó con voz trémula:

– ¿Ya? ¿Tan pronto? Yo tenía muchos planes…

– Lo siento, pero es el momento de tu partida. -Respondió Dios de manos unidas.

– ¿Que traes en la maleta, Dios? -preguntó el hombre.

Dios lo miró atentamente y le respondió:

– ¡Tus pertenencias!!!…

– ¿Mis pertenencias, Dios? -el hombre exclamó alagado-. ¿Traes mis cosas, mi ropa, mi dinero? -continuó a inquirir.

Dios volvió a mirarlo y le respondió sobriamente y con voz templada:

– Eso nunca te perteneció, eran de la tierra.

– ¿Traes mis recuerdos? -quiso saber el hombre.

– Esos nunca te pertenecieron, eran del tiempo -afirmó Dios.

– ¿Traes mis talentos? -replicó el hombre.

– Esos no te pertenecieron, eran de las circunstancias.

– ¿Traes a mis amigos, a mis familiares? -objetó este.

– Lo siento, -dijo Dios-, ellos nunca te pertenecieron, eran del camino.

– ¿Por acaso traes a mi mujer y a mis hijos? -insistió el hombre.

– Ellos nunca te pertenecieron, -repitió el Señor-, eran de tu corazón.

-¿Entonces traes mi cuerpo? -exhortó por fin el melancólico hombre.

– Él nunca te perteneció, ese era del polvo. -remachó Dios.

– ¿Entonces traes mi alma?

-¡No! Esa es mía.

Entonces, el hombre lleno de miedo, le arrebató a Dios la maleta de sus manos, y al abrirla, se dio cuenta que estaba vacía… Fue entonces que, con una lágrima de desamparo brotando de sus ojos, el hombre señaló:

– ¿Nunca tuve nada?

– Así es, -explicó Dios-, cada uno de los momentos que viviste fueron solo tuyos. ¡La vida es solo un momento…! ¡Un momento solo tuyo! Por eso, mientras estés a tiempo, disfrútalo en su totalidad. Que nada de lo que crees que te pertenece te detenga…. ¡Vive el ahora! ¡Vive tu vida…!!! Y no te olvides de SER FELIZ. ¡Eso e lo único que realmente vale la pena! ¡Las cosas materiales y todo lo demás por lo que luchaste, se quedan aquí­! ¡NO TE LLEVAS NADA! Valora a quienes te valoran, y no pierdas el tiempo con alguien que no tiene tiempo para ti.

Así pues, como no me llevaré nada, el leyente puede regalar esta hermosa reflexión a todas las personas que él quiera en este mundo y disfrutar de cada segundo que viva… Al fin de cuentas, eso es lo único que uno va a llevar.

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