El Sentido Metafísico del Alma Nacional


Cuando se le pregunta a la muchedumbre cual es el significado de una familia y la comparación de esta con su país, muchos no sabrán lo qué responder sobre ni una ni otra, pero para otros con un poco de materia gris dentro del cráneo, una nación es, ante todo, una gran familia espiritual. Tal expresión subjetiva aflora por que no se puede dejar de lado la ilusión de que la verdadera base de una nación es el consentimiento de los pobladores, y su voluntad de vivir juntos. Una nación está basada en el sentimiento de que se han hecho, en colaboración, grandes cosas, y en la voluntad de seguir haciéndolas.

Pues bien, creo que ya es llegada la hora de que el resto del gentío concilie pareceres, pues en caso contrario nos vamos rápidamente al desastre. El espíritu común basado en la unidad de creencias y revelado en una historia general independiente es lo que constituye la nación. Donde no hay espíritu común, ni unidad de historia general independiente, siempre habrá estados y agregaciones de pueblos diversos, pero no una nación.

Consecuentemente, lo que constituye una nación es lo que suele llamarse en sentido metafísico, “alma nacional”. Según Ángel Ganivet, noble escritor español que nació en diciembre de 1865 en Granada, escribió entre varias obras, su ensayo filosófico, “España Contemporánea” (1889), donde ataca la ausencia de ideas, responsable de la falta de un proyecto español vertebrador. Pero también afirmaba que el espíritu nacional está contenido por un fondo común de creencias, de sentimientos, de aspiraciones y tradiciones fundamentales.

Mismo que algunos afirmen que su obra teórica más importante fue el “Idearium español”, enmarcada en una utopía situada en el pasado medieval, hay que reconocer que sus sentencias destacan que el bien común debe ser el objetivo que nos une, que nos hermana, y no el que nos aparta uno de otros.

Diversos pensadores afirman que la cosmovisión ganivetiana es radicalmente espiritual. La misma espiritualidad subyace en su visión de España. De ahí que lamente el giro expansionista de los primeros Austrias.

“Apenas constituida en Nación, -afirma Ganivet-, nuestro espíritu se sale del cauce que le estaba marcado y se derrama por todo el mundo en busca de glorias externas y vanas, quedando la Nación convertida en un cuartel de reserva, en un hospital de inválidos, en un semillero de mendigos”. Alma irónica, rechaza la violencia como instrumento emancipatorio y siente una actitud de respeto hacia las clases humildes; de ahí que afirme que “Las inteligencias más humildes comprenden las ideas más elevadas”.[

Siendo así, podría decirse que una carretera bien construida en cualquier rincón de la patria no sólo beneficia a las poblaciones inmediatas, sino al  país en su conjunto. La prosperidad de una provincia es el triunfo de las demás.

Pero resulta que la estrechez mental de nuestros gobernantes, para quienes el futuro no llega más lejos que la distancia que abarcan sus pequeños egos, nos ha anclado en el pasado o ha detenido el ritmo del progreso al que aspiramos los ciudadanos.

Niños jugando a juegos de hombres ciertamente no es los que necesitamos para sacar al país de su marasmo. Lo que necesitamos es de patriotas, de gente preparada para manejar de un modo técnico y objetivo los intereses de la nación.

Los espacios se cierran y hoy en día no ya no queda lugar para los bravucones de barrio, los insultadores, los vendedores de baratijas, quienes ya no son requeridos en un país que quiere ser llamado de Nación… ¿Correcto?

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