No Hagas el Ridículo al Conocer a tus Suegros


Todos saben lo cuanto es agradable disfrutar de los aguamieles del amor en compañía de esa persona que consideramos especial. Los cariños, los besos y los abrazos son parte del enamoramiento… No obstante, mientras más se avanza en la relación y ésta se va formalizando, llega el punto de dar el siguiente paso…

Al contrario de lo que ahora estarán pensando aquellos de mente empeorada, no me refiero a ello, y claro que tampoco es precisamente casarse, ni tampoco pedir su mano. Antes de llegar a estos niveles, se debe pasar por una gran prueba, y eso significa nada más y nada menos que conocer a los suegros.

Para la gran mayoría de nuestros prójimos, la primera visita siempre causa muchos nervios y, aunque uno esté bien dispuesto para enfrentarlos, siempre sentimos temor e incertidumbre por la actitud que tomarán esos temibles personajes que fuimos a visitar… Las preguntas siempre nos han de perseguir, convirtiendo el momento en un episodio un tanto hostil.

Además, por alguna extraña razón, siempre que conocemos a los progenitores de nuestra novia/novio sucede algo que nos hace quedar en ridículo, y lo único que queremos en ese momento, es que la “tierra nos trague”. Es por ello que la visita a la casa de los padres de tu novio o novia puede ser toda una odisea, ya que hay ocasiones en las que todo parece estar en tu contra.

Buscando contribuir sobre el tema, hago aquí una convocatoria para esos muchos intrépidos incautos, a fin de que compartan los “osos” que otros vivieron durante la primera vez que visitaron la casa de los padres de la novia (o). Algunos casos resultaron interesantes.

Tener nervios, tartamudear o decir tonterías. Es lo más común. Los nervios generalmente nos hacen su presa y cuando eso sucede, se derivan varias acciones, entre las que se destaca volvernos tartamudos…

Que te sirvan de comer algo que no te gusta y no puedas decir nada… Ésta situación es clásica; los padres no tienen idea de lo que te gusta o no, así que cuando vayas a la casa de los susodichos, ve dispuesto a ingerir lo que sea… Esto incluye tortitas de col, hígado encebollado y otras exquisiteces de la gastronomía…

Ir al baño y lo que resulte. Las idas al baño son de las cosas más difíciles de hacer cuando estás de visita en la casa de los padres de tu novia (o), si de pura casualidad te cayó mal la comida, el baño se puede convertir en tu peor enemigo, ya sea que lo tapes, que no haya papel, o que simplemente hagas ruidos extraños que se escuchen hasta la mesa…

Emborracharte. Si no eres muy bueno para la bebida, mejor no tomes; corres el riesgo de salir gateando y, por consiguiente, hacer varios ridículos, como vomitar, decir cosas de más, quedarte dormido, entre otras…

Cambiarle el nombre a la pareja. Los nervios traicionan y hay veces que le puedes cambiar el nombre a tu novia enfrente de sus padres, de llamarse Carmen se puede convertir en Karen…

Confundir a la madre con la abuela. Antes de abrir la boca y hacer la plática, mejor espera a que todos se presenten para evitar momentos bochornosos…

Que tires la comida en la mesa. Imagina la escena: todos sentados comiendo alegremente en la mesa y de repente, un mal movimiento ocasiona que tires varias cosas, entre ellas la salsa roja… Por si fuera poco, la mesa tenía el mantel blanco especial que había tejido la abuela…

Enfermarte del estomago. Las idas al baño pueden aumentar, pero ese no es el principal problema con el que tendrás que lidiar; las flatulencias olorosas y no deseadas pueden hacer su aparición en el peor momento, tal vez en el comedor o en la sala…

Conocer a la tía chismosa. Tía, tío, primo, prima quien sea, pero este familiar te puede arruinar la excelente tarde en casa de tus suegros, imagina que llegue y lo primero que diga sea:Ah sí, ya me lo habías presentado en otra fiesta con su esposa”.

Romper la reliquia de la familia. Nunca falta, hay familias que les encanta presumir su casa, adornos y accesorios… Y también, nunca falta el novio o novia con “manos de estómago” que todo lo que toca lo despedaza…

De esta forma simple y desnuda, queda aquí registrado un mensaje destinado a todos los abstemios encaprichados y las intachables vírgenes reconocidamente juiciosas, para que después no tengan que andar por el planeta pronunciando asnerías de gelatinosos desatinos filosofales que sólo servirán para conturbar el sistema, ni tener que repetir porquerías aquí escritas sin importancia… ¿Histriónico, no?

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