Los Líderes Carismáticos, Populistas, y Mesiánicos


Louis Solmitz, un modesto maestro de escuela de Hamburgo en 1932, allá en los inicios de la Alemania Nazi, señalaba: “Cuántos lo admiran a Adolf Hitler con conmovedora fe, considerándolo como la persona que los ayudará, los salvará, los liberará de la angustia insoportable”… Para quien lee esta frase, no es necesario recordarle que Hitler fue un fenómeno político que asumió todos los poderes e impuso el nazifascismo con el uso del terror y el poder de la propaganda.

El uso de la propaganda es una afinada técnica de la comunicación social que se utiliza para difundir mensajes con la fuerza de un puño que golpea conciencias y subconsciencias, con el fin de imponer un sistema de valores, una ideología, una religión, una filosofía.

Ya el estadounidense Richard Alan Nelson, en 1966, afirmaba: “La propaganda es definida como una forma intencional y sistemática de persuasión con fines ideológicos, políticos o comerciales, con el intento de influir en las emociones, actitudes, opiniones y acciones de los grupos de destinatarios específicos, a través de la transmisión controlada de información parcial, que puede o no basarse en la verdad, a través de los medios de comunicación masiva y directa”.

Fueron los propagandistas estadounidenses quienes remozaron y profundizaron las teorías y prácticas de Joseph Goebels, ministro de la propaganda nazifascista. Ahora ellos son capaces de fabricar un presidente con el uso de las modernas técnicas de la propaganda. Para eso sirven las democracias representativas que se legitiman con votos.

La propaganda florece y se expande entre pueblos con escasa cultura política o con una ciudadanía ávida de contar con líderes carismáticos, populistas, mesiánicos que, aparentemente, satisfacen los intensos deseos ocultos e insatisfechos de las masas.

No obstante, la propaganda populista carece de ética, sobrepasa los límites legales y sus mensajes llegan a la cursilería más ridícula y al populacherismo más burdo y denigrante.

De igual modo, vistiendo otro ropaje: ¿De qué izquierda hablamos cuando nos referimos a los gobiernos de América Latina? ¿Es válido hablar de izquierda o izquierdas? ¿Si hay izquierdas y no es una sola, en qué se distinguen unas de las otras?

Estas preguntas no son nuevas, al contrario son ejes esenciales en el debate acerca de las políticas públicas que implementan los gobiernos que se autodenominan de izquierda. Es decir, qué grado de consistencia hay entre el discurso de algunos mandatarios y su gestión en el Gobierno.

Para Jorge Castañeda y Gerard Munck, desde sus particulares análisis, no se puede hablar de una izquierda homogénea, sino más bien de izquierdas con sus respectivos matices. En este sentido, por ejemplo, no se puede poner al mismo costado a Brasil, Uruguay y Argentina con Bolivia, Venezuela y Ecuador e incluso Paraguay. Las razones son varias: el grado de apertura al libre comercio, el respeto a las libertades, las relaciones internacionales con el mundo occidental, el incentivo a la inversión, los índices de crecimiento, la política de redistribución social en programas de educación, salud, seguridad social, y etc., etc., etc.

También hay una izquierda que no renunció a la globalización, sin que ello quiera decir la adscripción a ciertas prácticas de casino en el mundo financiero y la excesiva liberalización que tiene en jaque a Occidente, sino que de manera inteligente incentivó inversiones con reglas claras, firmó acuerdos de libre comercio, como Chile, y respeta las libertades, además de generar una política cosmopolita con los países en sus relaciones internacionales.

La diferencia con la otra izquierda, es el aislamiento del mundo bajo la restauración de discursos traídos de la Guerra Fría, la generación de ambientes de polarización social, un escrutinio excesivo a los medios de comunicación y una política internacional que no se comprende o que todavía no se consolida. No obstante, esta izquierda en algo ha sido firme, y es en la redistribución de la riqueza en lo social, lo que explica su éxito indiscutible.

¿Habrá posibilidades de que se combinen elementos de las dos izquierdas, o será sólo propaganda?

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