El Enamoramiento Surge Después de 8.2 Segundos


Hay quienes saben, hay quienes quieren, hay quienes pueden y lógicamente, también hay los que se atreven a todo. Tal vez por eso, mi querida Ju, los voluntaristas, los solventes y los más osados humanos, tanto se alternan en la “cosa pública”.

Cuando digo esa “cosa pública”, se sobreentiende que tú y el estimado lector pueden abarcar con su fértil imaginación, desde cargos políticos y gubernamentales, hasta profesiones y oficios que están conectados directamente con “el público”, o sea, el mentado, el tan sufrido y zarandeado pueblo.

Por ejemplo, Ju: si alguna vez caemos en manos de un médico que sabe y quiere, que tiene los medios necesarios a su alcance y está abierto a cualquier variante en su diagnóstico porque es lo suficiente osado como para revisar cualquier teoría por segura que parezca, nuestra curación estará asegurada, o por lo menos bien protegida.

Claro que también existen los llamados “especies en extinción”, como el almacenero del barrio, una vieja estirpe cada vez más subyugada por las góndolas de los supermercados; pero todos aquellos que conocen su oficio, que ponen voluntad en la superación constante de su trabajo, seguramente podrán desarrollar su tarea en un medio que no los rechazará, incentivándolo a no temer el riesgo de intentar nuevas expresiones que rompan moldes y convencionalismos añejos.

Sin embargo, mi querida amiga del alma, entre los primeros que he nombrado, ciertamente se incluye los que habitan en el reino de la seducción, lugar donde es necesario cultivar habilidades prestidigitadoras para desdoblar ventajeramente toda su energía. 

Por tal motivo, Ju, a pesar de la manera enfática, del estilo medio gongorino y del culteranismo que algunos insisten en desenrollar, cuando los hombres mantienen la mirada fija en los ojos de una mujer durante más de ocho segundos, ese es un síntoma de que han caído ante los encantos de la fémina… ¡Babando!, me dirás tú.

Concuerdo contigo, pero tampoco podemos olvidarnos, mi querida, que las miradas siempre han jugado un papel importante en la comunicación entre seres humanos. En ocasiones, éstas pueden expresar mucho más de lo que las palabras pueden decir. En tales casos, cuando una persona nos atrae, usualmente queremos comérnosla con la mirada, pero: ¿qué pasa cuando esa contemplación se prolonga?

Pues te digo que una reciente investigación científica, asegura que cuando los hombres mantienen la mirada fija en los ojos de una mujer durante más de 8,2 segundos, es un serio indicio de que han caído ante sus embrujos. Sin embargo, en las mujeres, el tiempo de la mirada parece no ser un factor determinante.

Consecuentemente, Ju, entre más tiempo permanezca un hombre admirando a una mujer, mayor es el interés que tiene por ella. No obstante, si el hombre sostiene la mirada durante menos de cuatro segundos, probablemente ella no le haya llamado mucho la atención; pero si rompe la barrera de los 8.2  segundos, es muy probable que se haya enamorado… ¡Formidable!, otra vez me dirás tú, y quizá ahora tu descubras porque yo permanezco que ni estatua en plaza pública, mirándote por horas…

Pero en fin, para realizar el anacrónico estudio que publicó la revista especializada “Archives of Sexual Behavior”, los ufanos científicos utilizaron cámaras ocultas que captaron los movimientos de los ojos de 115 estudiantes mientras estos hablaban con actores y actrices. Luego a seguir, los jóvenes fueron consultados sobre la atracción que les generó la conversación con el nuevo compañero.

Todo indica que los hombres miraron a los ojos de las actrices que consideraron atractivas, en un promedio de 8.2 segundos, pero los que las vieron menos guapas sólo alcanzaron los 4.5 segundos… No obstante, Ju, las mujeres miraron la misma cantidad de tiempo a los hombres que les gustaron, como a los que no.

Es por ello que los investigadores, en medio de tales raciocinios escolásticos, concluyeron que los caballeros usan el contacto visual para buscar compañeras aptas y fértiles para procrear. En cambio, percibieron que las mujeres tienden a ser más selectivas porque temen embarazos no deseados o ser madres solteras.

Entre tanto, mi querida, mientras medito sobre estas melifluas y filosóficas alegorías, bañado casi en lágrimas y al contrario de lo que el buen sentido prescribe, me doy cuenta que es ahí que el espectáculo agrada, pues es justamente en ese punto que la tragedia más noble se aproxima tanto de la sátira más grotesca que, todos nosotros de la platea, nos quedamos perplejos ante la teatral frustración de la juventud actual… Dime: ¿No es impresionante, Ju del alma mía?

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